
Una misa de la festividad de Cristo Rey, rebosante de música por los cuatro costados, nunca mejor dicho: con la banda municipal, el coro de madres, el coro rociero y los esquileros. Porque el mundillo musical de Niebla ha querido celebrar así el día de su patrona, Santa Cecilia. Qué logro.
Voy a destacar los momentos más luminosos: de los esquileros todo, porque todo era música suya, navideña, entrañable, sensible, anticipo de otra misa, la del Gallo, que como hoy congregará a todo el pueblo; de la madres la canción
Color Esperanza, una enorme sorpresa de los no habituales a la misa dominical de la catequesis, tan bien cantada, tan sentida, tan vinculante con el Evangelio y con la vida actual; del coro rociero el
Padrenuestro, música nuestra, palabra de Jesús, sentimientos de un coro habituado a transmitir con alma, con corazón; de la banda municipal también todo, su entrada litúrgica solemnísima,
Canticorum iubilo, de Händel, compuesto para templos como el nuestro, y su
Dios te salve María que interpretada como saben, ha puesto en pie a todos, reconocidos al arte y deseosos de rezar a su ritmo.
A la salida parabienes para los artistas, expresiones de "qué buena misa", deseos de que la iniciativa de este 22 de noviembre se repita cada año... La noche, una noche buena buena, nos ha dejado ganas de más. Y seguro que habrá más, porque vivimos en Niebla.